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Artículo de opinión

09/12/2014


Y nos vino Guinness a ver… -Pedro Elosegi

En agosto casi casi me echan de Vitoria, de Vitoria-Gasteiz. Y la verdad es que llegué a sentirme mal. Llegué a sentirme traidor, poco menos que Judas traicionando a su ciudad, a sus antepasados, a sus valores, a su cultura, a sus tradiciones, al “VTVismo” en definitiva. A punto estuve de abandonar la ciudad enrojecido de vergüenza por mi supuesto ultraje ciudadano.


Y todo por Twitter. La moda de la red social. Mejor dicho por escribir en esa red social un comentario, un simple comentario de opinión. Decía yo aquella noche del tres de agosto: “El timo de la tortilla record prefabricada y nadie es capaz de denunciarlo”. Mi sentimiento era en ese momento que estábamos, los vitorianos, vitoriano-gasteiztarrak, intentando engañar al mundo.

Tuve varias contestaciones. Una de ellas, por cierto firmada por un asesor de alcaldía, decía: “pedroelosegi un pnvero de los que si no haces la tortilla más grande del mundo frente a Sabin Etxea no respira y se pone rosado” (cabe preguntar quién debe ahora ponerse rosado, cuando no rojo) y un segundo mensaje de la misma persona que me decía: “tu comentario es impertinente incluso para la gente que te vota”

Yo no había hecho sino anunciar públicamente mi opinión sobre el acto multitudinario y mediático y era sencilla: no creía que fuese un record y no creía que fuese ni siquiera una elaboración de tortilla.

El tiempo y la organización Guinness, me han dado la razón esta semana. Guinness ha dicho dos cosas; primero que la vianda no fue elaborada de acuerdo con los criterios que ellos manejan en cuanto a elaboración de tortilla y segundo que de haber cumplido con esos criterios había antes, en Japón, un intento que superaba de largo en tonelaje a la nuestra.

Y es que, cuando en mi casa quiero ofrecer tortilla de patatas a mis invitados tengo dos opciones; hacer una tortilla o calentar una tortilla hecha por otros, por ejemplo en un restaurante, o un comercio de alimentación, o en el bar de la esquina.

En el primer caso; pelo y troceo las patatas, cosa que no se hizo el 2 de agosto. Casco y bato los huevos, no se hizo. Mezclo ambos elementos y condimento con sal, no se hizo. Caliento la sartén y cuajo la mezcla por ambos lados, no se hizo. Sirvo la tortilla a los comensales, se hizo. Hasta aquí, he hecho una tortilla.

Segundo caso; abro el frigorífico y saco tortillas previamente elaboradas, retiro el envase que las envuelve, se hizo. Coloco la o las tortillas en una sartén y las caliento, se hizo (un puzzle de tortillas).  Sirvo las tortillas a los comensales, se hizo. Ahora lo que he hecho es recalentar una tortilla hecha por otros.

A lo mejor cabría presentar el intento como candidato al calentamiento de la tortilla más cara del mundo, cuarenta y cinco mil euros. Nos aproximaríamos bastante, con seguridad.

Menos mal que no huí avergonzado de mi ciudad ante las críticas agosteñas, al fin y a la postre Guinnes,  nos ha venido a ver.

Eso sí, ahora hay que ver a algún representante político que, investido con delantal y  haciéndose la foto junto con el cocinero entonces, ahora silva  despistadamente mientras que mira hacia arriba y dice…  - ¡Yo no he sido..!,  e incluso se permite reclamar responsabilidades a terceros.

Con lo fácil y sencillo que es reconocer los errores,  dando además una imagen más humana, más cercana, más ciudadana, más natural, más humilde… Pero algunos todavía piensan que, en razón de su cargo, deben levitar por encima del bien, del mal y del resto de los mortales. 

En fin nuestra ciudad, nuestra querida Vitoria-Gasteiz…

AUTOR


Pedro Elosegi

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